La Regla de las 24 pulgadas es una de las enseñanzas simbólicas más profundas y prácticas dentro de la filosofía masónica. Esta regla, que forma parte de los instrumentos de trabajo simbólicos de los masones, representa la división del tiempo en 24 horas, y su uso se asocia con la gestión adecuada del tiempo para lograr un equilibrio entre el trabajo, el descanso y el esparcimiento. En esencia, la regla de las 24 pulgadas es una metáfora que invita a los masones a distribuir su tiempo de manera sabia y equilibrada, asegurando que cada aspecto de la vida reciba la atención necesaria.
En la masonería, esta regla no solo se refiere a la medición física del tiempo, sino también a la importancia de administrar las horas del día de manera que se fomente el crecimiento personal, el bienestar físico y mental, y la contribución a la sociedad. Los masones son enseñados a dividir su día en tres partes iguales: 8 horas para el trabajo, 8 horas para el descanso y 8 horas para el esparcimiento o el desarrollo personal. Esta división no es arbitraria; refleja un profundo entendimiento de la necesidad de equilibrio en la vida humana, un principio que ha influido en movimientos sociales y laborales a lo largo de la historia.
Como sabéis que me gusta, vamos a dar un salto en el tiempo hasta la Primera Revolución Industrial. Esta comenzó a finales del siglo XVIII y se extendió hasta el siglo XIX y transformó radicalmente la sociedad, la economía y las condiciones laborales. Con la mecanización de la producción y el surgimiento de las fábricas, los trabajadores se vieron sometidos a jornadas laborales extenuantes, que a menudo superaban las 12 o 14 horas diarias, en condiciones precarias y con escasos derechos laborales. Este sistema de explotación generó un creciente malestar entre los trabajadores, lo que llevó al surgimiento de movimientos obreros que reclamaban mejores condiciones laborales, incluyendo la reducción de la jornada laboral. Aún hoy en día nos encontramos con que determinados industriales de un conocido sector económico entienden como media jornada 12 horas de trabajo.
Uno de los lemas más emblemáticos de estos movimientos fue la propuesta de dividir el día en 8 horas para trabajar, 8 horas para el esparcimiento y 8 horas para descansar. Esta idea, que se popularizó como una reivindicación clave por parte de las Unión británicas, durante el siglo XIX, no era nueva; de hecho, tenía raíces en principios filosóficos y morales que habían sido promovidos por organizaciones como la masonería. La regla de las 24 pulgadas, con su énfasis en la distribución equilibrada del tiempo, puede verse como un precursor intelectual de esta demanda laboral. La implantación de 40 horas en la semana laboral de 5 días tuvo una evolución accidentada: Comenzó en 1810 con Robert Owen, quien difundió la idea de que la calidad del trabajo de un obrero tiene una relación directamente proporcional con la calidad de vida de este, por lo que, para cualificar la producción de cada obrero, es indispensable brindar mejoras en las áreas de salarios, vivienda, higiene y educación. Este concepto fue retomado por el Cartismo en 1842 y se consolido a través de la declaración de 1866 por parte de la Asociación Internacional de los Trabajadores durante su congreso de Ginebra. La lucha por la jornada laboral de 8 horas se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de los trabajadores. En 1886, durante la Huelga de Haymarket en Chicago, los trabajadores exigieron la implementación de la jornada de 8 horas, un evento que marcó un hito en la historia del movimiento obrero y que finalmente llevó a la adopción de esta medida en muchos países. A partir de ahí Inglaterra en 1908, Uruguay en 1915, Rusia y Méjico en 1917, España y Francia en 1919… pero sigue siendo una asignatura pendiente, ya que en Chile no se introdujo la jornada de 8 horas hasta el muy reciente 2022. De hecho, la jornada laboral sigue estando en discusión a lo largo del planeta contraponiéndose la tendencia a una reducción de esta en la Unión Europa o la desregulación de la jornada defendida por ultraliberales o anarcocapitalistas, todo ello a pesar de que la idea de que el tiempo debía dividirse de manera equitativa entre el trabajo, el descanso y el esparcimiento se convirtió en un principio fundamental de la legislación laboral moderna.
Aquí quiero permitirme dar una nueva pirueta temporal para reivindicarnos como hispanos, ya que, aunque la lucha por la jornada de 8 horas se asocia comúnmente con la Revolución Industrial, es importante destacar que esta idea tiene un precedente histórico mucho más antiguo. En 1593, Felipe II de España y I de Portugal, cabeza de la Monarquía Hispánica, emitió una disposición que limitaba las horas de trabajo a 8 horas diarias tanto para los trabajadores indígenas como para los colonos en los territorios bajo su dominio. Esta medida, conocida como la Real Cédula de 1593, fue un avance notable si se considera el contexto histórico de la época, en el que las jornadas laborales extensas y la explotación de los trabajadores eran comunes. La Real Cédula de Felipe II no solo establecía un límite a las horas de trabajo, sino que también reconocía la importancia del descanso y el bienestar de los trabajadores. Esta disposición reflejaba una comprensión temprana de la necesidad de equilibrar el trabajo con el descanso y el tiempo libre, un principio que sería retomado siglos después por los movimientos obreros.
En cualquier caso, como masones no podemos olvidar que la influencia de la regla de las 24 pulgadas en la aparición de la jornada laboral de 8 horas es evidente. Por un lado, la idea de dividir el día en tres partes iguales refleja un principio de equilibrio y justicia que ha sido promovido por la masonería desde sus inicios. Los masones, como constructores simbólicos, entienden que el tiempo es un recurso valioso que debe ser administrado con sabiduría para lograr una vida plena y armoniosa. Este principio de equilibrio se trasladó al ámbito laboral, donde la división del tiempo en 8 horas para trabajar, 8 horas para descansar y 8 horas para el esparcimiento se convirtió en una demanda central de los trabajadores.
Por otro lado, la masonería, como organización que promueve los valores de la fraternidad, la igualdad y la justicia, ha tenido una influencia significativa en el desarrollo de los derechos laborales. Muchos de los líderes del movimiento obrero del siglo XIX y principios del XX eran masones o estaban influenciados por las ideas masónicas. La regla de las 24 pulgadas, con su énfasis en la distribución equitativa del tiempo, proporcionó un marco filosófico para la lucha por la jornada de 8 horas, que no solo buscaba mejorar las condiciones laborales, sino también promover un equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
