sábado, 5 de julio de 2025

¿Hay una salida masónica para las crisis económicas y financieras?


He podido advertir como la masonería, del mismo modo que cualquier otra asociación humana, tiene perfectamente definido el papel que la economía y la política deben jugar en la construcción del edificio social al que los masones nos consagramos. Para ello, en primer lugar ha de conocerse perfectamente la naturaleza humana en todas sus dimensiones (filosófica, antropológica, espiritual y material, de lo que nos ocupamos en las logias simbólicas; en segundo lugar debemos conocer “las miserias del pueblo y conocer sus causas”; y en tercer lugar, tenemos los masones que dar respuesta a las necesidades del pueblo estableciendo, así,  la justicia social, la libertad, el progreso y la democracia, de lo que se ocupan los grados administrativos de la masonería.

Sin embargo, tal como indicamos antes, es posible advertir algunos de los principios políticos y económicos que animan a la masonería a través del análisis de las causas de las miserias del pueblo a las que se hace referencia a lo largo de las liturgias de los grados indicados.

Así pues, podemos afirmar el masón consagra su vida al PROGRESO, esto es, a la perpetua perfectibilidad del ser humanos en todas sus dimensiones (material y espiritual, individual y colectiva,); a la búsqueda de la VERDAD y la JUSTICIA; o la lucha contra la IGNORANCIA, el VICIO y la ECLAVITUD del hombre en todas sus formas. Es por ello que la CURIOSIDAD del masón constituye la salida del estado de tinieblas en que, también hoy, se halla envuelto el pueblo.

Entre las principales causas de los males que aquejan a un pueblo y se oponen al progreso son: una educación defectuosa, los vicios del poder constituido y las condiciones materiales del país, que deben ser suficientes para sostener las necesidades básicas de sus habitantes. Es por ello que  el grado de civilización de los pueblos depende fundamentalmente de la suma de conocimientos que posean sus hombres más hábiles, la dirección que se dan a sus estudios y las materias a que se refieran y a su generalización (la del conocimiento e información) entre las masas, o lo que es lo mismo, de tener un pueblo adecuadamente formado. Es por ello que la educación siempre uno de los más importantes pilares de la masonería, pues constituye al auténtico motor del progreso de las naciones.

Como masones, además, tenemos la obligación de servir a nuestros congéneres y a nuestro soberano gobernador, que no es otro que el propio pueblo, quien a través de sus representantes debe dictar las leyes y hacerlas efectivas. Es por ello que la Masonería debe constituir un observatorio de las miserias del pueblo, esto es, un espacio de profunda reflexión sobre los problemas que aquejan a las sociedades, que las esclavizan y transforman a sus ciudadanos en dóciles y temerosos súbditos.

He aquí, pues, uno de los más importantes principios políticos de la masonería, la soberanía reside en el pueblo, quien a través de sus representantes elabora las leyes, esto es, un sistema de derecho. Así mismo defiende la tradicional separación de poderes; legislativo, que ejerce el pueblo a través de sus representantes; ejecutivo, que hace cumplir las leyes y puede ser ejercido un monarca con poderes limitados por una constitución, un presidente elegido democráticamente o una colectividad de unos pocos miembros; y el judicial que velará por el cumplimiento de los derechos naturales, civiles y políticos de los ciudadanos. Para que todo ello sea posible es imprescindible la concurrencia del principio de equilibrio o equidad, quien en todo momento debe inspirar a los gobiernos de las naciones para “defender al débil contra el fuerte, velar por la salubridad pública, proteger lo presente sin comprometer lo futuro y no empeñarse en administrarlo todo, pues no hay mejor gobierno que el que no se ve gobernar”.

Aparece así el segundo gran principio político y económico de la masonería, el liberalismo más absoluto, que no duda incluso en declararse como discípula de las doctrinas de Adam Smith o abierta enemiga de las tesis socialistas más radicales y contrarias al derecho de la propiedad privada, defendido beligerantemente en el grado octavo, como todos bien sabéis.

Por último, el Trabajo es presentado como el tercer pilar que hace posible la prosperidad de las naciones. Este trabajo traerá riqueza siempre que sea fruto del propio esfuerzo y no nazca de la explotación o el abuso de otros.

He aquí pues, los tres pilares que deben sostener el edificio social:

  • SOBERANÍA POPULAR, DEMOCRARCIA y SEPARACIÓN DE PODERES;
  • EDUCACIÓN Y LIBERTAD DE INFORMACIÓN;
  • ESTADO LIBERAL, DERECHO A LA PROPIEDAD Y TRABAJO, entendidos estos como auténticos y únicos generadores de la riqueza de los pueblos.

Como podemos apreciar, esta concepción del edificio social no es otra que la de las democracias modernas en las que hoy vivimos pero que, sin embargo, están sumidas en la más absoluta de las crisis. ¿Dónde está  entonces el error? ¿En el análisis de las causas de las “miserias del pueblo” o acaso en el incorrecto diseño del edificio social? ¿Qué aporta la masonería en tan importante debate?¿Acaso rancios postulados propios de doscientos años atrás?

Zamenhof, M:.M:.