El principal objetivo del R:.E:.A:. y A:. es el análisis de la figura del ser humano en todas sus facetas, pero muy especialmente en sus dimensiones morales y éticas. Analizamos nociones como la conciencia, el deber y la libertad, que dirigen nuestros pasos para el logro de un mayor conocimiento de nuestra naturaleza interior, y que se pondrán en relación con las grandes cuestiones éticas de nuestro mundo y convierte al hombre, no sólo como mero sujeto de derecho, sino como principio manate del mismo.
Son temas de estudio a ética, la moral, la justicia, la equidad, la organización social y política del ser humano o el ejercicio del poder sobre los pueblos. Es por ello que la masonería se perfila como un importante núcleo de debate y reflexión en torno a importantes temas de carácter filosófico que deben ser transmitidos al resto de la sociedad. Del mismo modo que toda catedral debe ser previamente diseñada por un arquitecto, también el edificio social de que nos dotamos los seres humanos debe ser diseñado y supervisado si no queremos ver como esta magna obra queda reducida a cenizas.
Vivimos tiempos oscuros e inciertos en los que es necesaria nuestra presencia, o lo que es lo mismo, la presencia de hombres y ciudadanos libres comprometidos con el progreso de la sociedad. El déficit democrático de nuestros estados, las arbitrarias e injustas leyes elaboradas por nuestros representantes y dirigentes políticos, la corrupción generalizada, la destrucción intencionada y sistemática de los servicios públicos que dan protección y seguridad a nuestros ciudadanos o la justificación de los mayores abusos contra indefensas poblaciones están convirtiendo nuestro mundo en un lugar en el que la libertad, la justicia y la equidad son meros recursos retóricos para calmar a unas masas narcotizadas con los dulces placeres del consumismo desaforado.
¿Habrían pensado alguna vez los próceres fundadores de la nación estadounidense que su presidente justificaría auténticos genocidios en Afganistán, Paquistán o Irak violando los más básicos Derechos Humanos? ¿Acaso no es incomprensible ver cómo nuestros representantes políticos, teóricamente representantes de los intereses del pueblo, aplauden medidas a favor de las grandes corporaciones interesadas únicamente en su enriquecimiento a costa incluso de la penuria de poblaciones enteras? ¿Cómo es posible que gobiernos teóricamente libres y democráticos mantengan amistosas relaciones con dictadores de la peor calaña, terroristas y asesinos? Vivimos bajo un aparente sistema democrático y de derecho dirigido y gestionado para justificar los fines de una más o menos privilegiada élite social o económica, interesada únicamente en controlar a grandes masas de potenciales consumidores y obtener mano de obra barata y/o semi-esclava.
El control ideológico e informativo está al orden del día, censurándose aquellas ideas o conductas que puedan poner de relieve los graves déficits de nuestro sistema, promoviendo para ello la llamada dictadura del pensamiento único o de lo políticamente correcto a la que tanto nos tienen acostumbrados.
Como decíamos anteriormente, el fescocismo constituye un auténtico espacio de libertad, reflexión y pensamiento sobre éstas y muchas otras cuestiones de índole política y social, así como centro de trabajo para el diseño de posibles respuestas que hagan de nuestro mundo un lugar más justo e igualitario, en el que brille la luz del progreso.
Pero, ¿está preparada la Francmasonería del siglo XXI para liderar esta senda?
Lamentablemente mi respuesta es negativa. Bajo mi punto de vista nuestra Orden vive un período de franco retroceso. Mientras en otras épocas la Francmasonería constituyó la vanguardia del pensamiento social y político, especialmente en el Siglo de las Luces, en la actualidad está sumida en las tinieblas de una acomodaticia realidad.
Muchos bien intencionados HH:. plantean habitualmente en nuestras tenidas y asambleas que la Orden debe tener una mayor presencia social para liderar los cambios que todos estamos llamados a sufrir. Sin embargo, estos mismos HH:. obvian por lo general varias importantes cuestiones, entre otras: si realmente nuestra Orden encarna determinados valores y principios, cómo transmitir esos valores a la sociedad o hacia dónde dirigir nuestros pasos.
Ciertamente la francmasonería actual es depositaria del pensamiento filosófico de nuestros ilustrados antepasados, pero muy al contrario de lo esperado, en absoluto encarna estos valores. ¿Cómo podemos decir ésto cuando se violan de forma sistemática y arbitraria nuestros reglamentos internos, cuando el ejercicio de nuestros derechos masónicos puede granjearnos enemistades dentro de la Orden, cuando nuestros dirigentes masónicos se dedican a desproveer de todo poder a las legítimas asambleas, cuando nadie se preocupa por profundizar en el pensamiento y simbolismo, cuando algunos HH:. están más preocupados en hacer historia que en dotar a sus QQHH:. de una institución en la que reinen los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad? ¿Es que debemos permitir que se convierta a la Masonería en una institución que fomente la sumisión de sus miembros o en una suerte de sistema neo-feudal? No podemos vivir de pasados tiempos gloriosos. La realidad es bien distinta.
Nuestra Orden, del mismo modo que nuestras democracias, aplican las dictaduras de la doble moral y de lo políticamente correcto para acallar las voces de quien perciben tan lamentable decadencia, neutralizando siempre que le es posible los perniciosos efectos de quien pone en duros bretes al sistema o aplicándoles el “herético” calificativo de “profanos con mandil”. Mientras unos se afanan en perfeccionar sus conocimientos y luchar contra las pasiones para practicar realmente los principios de la Virtud, otros más avispados convierten nuestra Orden en un auténtico cenagal. ¿Cómo podemos considerarnos entonces luz del progreso, vanguardia del pensamiento y libertadores de conciencias? ¿Qué ofrecemos realmente a nuestra sociedad cuando ni nosotros mismos somos capaces de regirnos por los principios que teóricamente definen a la Francmasonería?
Si efectivamente deseamos prestar un importante servicio a nuestra sociedad, construyamos verdaderamente la Francmasonería. Hagamos las cosas bien y centremos nuestros esfuerzos en conocernos a nosotros mismos – también nuestros defectos y limitaciones - en rectificar nuestros errores, en cumplir fielmente nuestros principios, en ser inflexibles en el cumplimiento de nuestros derechos y deberes masónicos, en dejar a un lado nuestras diferencias y trabajar codo con codo por el correcto funcionamiento de nuestra Orden.
Sólo cuando realmente hagamos Masonería estaremos en condiciones de liderar los cambios de la sociedad y presentarnos ante ella como fieles y leales servidores de nuestros conciudadanos, de la Justicia, de la Libertad y de la Paz Universal.
Zamenhof, M:.M:.
