sábado, 13 de septiembre de 2025

Picapedreros o Canteros

Según el diccionario las palabras picapedrero y cantero son sinónimas. En ambos casos el significado establecido es el de persona que extrae piedras de una cantera o que labra las piedras. Sin embargo, si acudimos al de la lengua inglesa, los términos picapedrero (quarryman) y cantero (stonemason), aunque similares, guardan un leve matiz que diferencia ambos términos.

El primer de ellos define a las personas que extraen piedras de una cantera que, como sabemos, es una labor para la que no es necesario poseer grandes y profundos conocimientos técnicos, si no que más bien precisa de una buena dosis de fuerza y sacrificio. Tradicionalmente este oficio era desempeñado, en gran medida, por labriegos del campo que, bien por necesidad de construir sus toscas viviendas o refugios, bien como fuente de ingreso extra, constituía un importante auxilio a sus maltrechas economías.

El segundo de ellos, stonemason, viene a significar artesano de la piedra, persona que labra la piedra. El matiz, como vemos, es realmente importante. Mientras el primero de ellos hace referencia aun oficio auxiliar, de baja cualificación técnica y, por lo general, muy sacrificado y poco remunerado, el segundo de ellos hace referencia al carácter artesanal o artístico del oficio, para el ejercicio del cual es necesaria la posesión de una serie de conocimientos y habilidades que no todo el mundo posee. Como la historia nos ilustra, los artesanos, ya fueran de la piedra como de cualquier otra clase, estaban organizados en gremios, los cuales regulaban el acceso a la profesión siguiendo rígidos principios que les permitían seleccionar a los futuros profesionales más capacitados que ejercería el oficio tras un largo período de formación.  

Sin duda, Q:.Q:.H:.H:.,  convendremos  que es del gremio de este segundo tipo de trabajadores del que es heredera en gran medida nuestra Augusta Orden.

El trabajo del picapedrero y el del cantero, como podemos apreciar, distan mucho de ser el mismo. Mientras que el picapedrero únicamente debe acudir a la naturaleza para extraer la materia que necesita, cuarteándola de forma tosca y rudimentaria para su mejor transporte o, en el mejor de los casos,  formar parte del muro de un pajar o el cierre de una finca; el cantero, gracias a los conocimientos adquiridos durante años, el desarrollo de sus habilidades artísticas y la planificación, diseño y ejecución minuciosa del trabajo, logra dar perfecta forma a lo que antes no era más que un tosco bloque de piedra, duro, áspero, deforme, que de no ser intervenido por él  jamás alcanzaría su perfección. El cantero, con cada golpe de cincel, infunde vida y belleza donde antes no había nada más que inerte materia. Los suyos son golpes milimétricamente medidos, ponderados en fuerza e intensidad, intencionadamente efectuados con uno u otro tipo de herramientas para obtener el resultado final deseado.

¡Que bonito y reconfortante resulta el trabajo del cantero! ¡Que bellos y dignos de admiración son siempre sus trabajos!

Nosotros, los masones, siempre nos hemos enorgullecido de ser los dignos herederos de estos canteros, pero ya no trabajando con nuestras propias manos la fría piedra, sino trabajando con el auxilio de la ciencia, la razón, la moral y la virtud la informe masa de nuestra personalidad. La transformación del Hombre, tanto concebido como individualidad, como un cuerpo  social, es el objetivo fundamental por el que todos estamos hoy reunidos aquí, y por el que antes que nosotros muchos otros se reunieron entorno a las Tres Grandes Luces que presiden nuestros talleres.  Pero, ¿realmente esto es así en este taller? ¿Somos masones o picapedreros? ¿Tenemos claros cuáles son los objetivos que queremos cumplir? ¿Hemos diseñado y planificado minuciosamente el trabajo?, ¿acaso hemos trazado y definido el plan de la obra, anotando los plazos de ejecución, efectuando una previsión sobre los recursos humanos y materiales necesarios para llevar adelante nuestro proyecto?

Reflexionemos todos sobre ello. Pensemos en cuáles son las debilidades y fortalezas de nuestro proyecto, pensemos en si seremos capaces de llevarlo a cabo con la dinámica que empleamos. Pensemos que nuestra obra, aunque inacabada, tiene una vida propia y demanda nuevos cuidados, nuevas atenciones, a las que no podemos cerrar los ojos.

El tiempo, como constante universal que es, afecta también al proyecto de este taller, ¿o acaso pensamos lo contrario?

Cuando una obra es abandonada, cuando ésta no está bien planificada y no se cumplen los plazos de ejecución, somos testigos de cómo ésta se degrada. El viento, la lluvia y las heladas con su constante acción desgastan poco a poco los materiales, debilitándolos y haciéndolos ceder ante la implacable fuerza de la gravedad. Poco a poco vemos como la naturaleza reclama lo que le es suyo convirtiendo nuestra obra en el hogar de líquenes, plantas e insectos, destruyendo lo que un día fue el feliz sueño de un hogar, cálido y protector, para los hermanos. Un proyecto, muerto, que la naturaleza sabiamente reciclará.

Y nosotros, ¿qué hacemos? ¿Picamos, o tallamos piedras? ¿Somos unos simples picapedreros que soñamos con construir el más bello de los templos de la humanidad, aun careciendo de los conocimientos y habilidades necesarias, o somos unos habilidosos e inteligentes canteros que simplemente picamos piedra de la cantera sin saber muy bien por qué? ¿Acaso explotamos netamente todas nuestras posibilidades? 

Yo soy cantero.  Pero pico piedra y pienso. Pienso que podría ser carpintero, herrero, alfarero, jardinero o, ¿por qué no?, un picapedrero.

¡Que fantástico si fuera uno de esos hombres que trabajan sin descanso persiguiendo un sueño!

Zamenhof, M:.M:.

sábado, 6 de septiembre de 2025

Cooperar en la senda del conocimiento

Hoy nuevas fuerzas nos acompañan para abordar con valentía, sensatez y alegría la Gran Obra que todos y cada uno de nosotros levantamos en honor del G:.A:.D:.U:. . No vacilo ni un solo instante al afirmar que, bajo la dirección de nuestro V:.M:. y con el sabio e inestimable consejo de los M:.M:., trabajaremos juntos en armonía, codo con codo, asentando uno a uno los blo-ques que sustentan el edificio de la Fraternidad Universal que a todos une. La labor, como no podría ser de otro modo, será ardua –requerirá esfuerzo, constancia y estudio- asumirá nuevos retos e incluso hallará nuevos horizontes en los cuales la semilla del conocimiento germinará abriendo nobles sendas en nuestros corazones. Q:.Q:.H:.H:., ¿a qué venimos sino a trabajar por el enriquecimiento espiritual y material del Género Humano?

Cada uno de nosotros somos simplemente un eslabón más en la infinita cadena de individuos que forman la Humanidad, un obrero más en este enorme hormiguero que nos arropa y da cobijo, que crece y se desarrolla como un organismo vivo con la aportación de cada uno de sus miembros. Somos artesanos, pacientes canteros afanados en extraer la belleza que alberga la dura roca del alma guiados por la luz de la razón, hombres de pensamiento libre que, pese a sus errores, tratan de caminar por la senda de la virtud dejando atrás los prejuicios, la vanidad, el odio y el miedo que nos sumergen en las tinieblas. Pero, ¿acaso no resultaría vanidoso –o incluso inconsciente- creer que tan solo uno mismo es capaz de llevar a buen puerto tal empresa? ¿No caeríamos irremediablemente en la auto-complacencia elevando así mugrientos muros ante nuestros congéneres? Si algo caracteriza a la francmasonería es la capacidad de diálogo: diálogo con nuestra conciencia, con nuestros H:.H:., con nuestras familias y amigos, en definitiva, con todos y cada uno de los elementos que interactúan con nosotros, que nos enriquecen y acercan un poco más a la Verdad; sin diálogo –y sin consenso- el progreso de la Humanidad jamás sería posible.

Permitidme comenzar, Q:.Q:.H:.H:., con un pequeño apunte filológico de dos tér-minos que pueden resultar tremendamente útiles en el desarrollo de este trazado: las pala-bras compañero y cooperar.

La palabra compañero proviene de la antigua compaña, cuyo significado es compañía. Compañía, del latín compania, está formada a su vez por el prefijo cum (juntamente) con y la raíz panis (pan), de modo que viene a dar significado al acto de compartir el mismo pan. Así pues, podríamos decir que un compañero es aquella persona que comparte con nosotros el fruto de un trabajo realizado conjuntamente y del que ambos tenemos parte (compartir: cum+partis -porción-). Por otro lado cooperar, del latín cooperare, significa: colaborar (cum+laborare), trabajar con otros por un mismo fin o en una tarea común. Como vemos, ambos términos están íntimamente relacionados entre si, aunque añadiendo pequeños matices de significación.

Compartir un mismo pan. Trabajar con otros por un mismo fin. He aquí una de las primeras enseñanzas del Segundo Grado: el Comp:. Masón no realiza su trabajo en solita-rio, sino que comparte solidariamente las tareas que le fueron asignadas aunando sus es-fuerzos a los de otros H:.H:. que, al igual que él, trabajan A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.. Ahora los conceptos Unión y Fraternidad cobran especial relevancia dado que únicamente es posible el progreso individual y colectivo gracias a la inestimable ayuda de nuestros H:.H:., con los cuales no solo compartimos sacrificios, sino también los dulces frutos que los trabajos producen. De este modo, todo avance en la senda que nos lleva hacia la Ver-dad forma parte de un patrimonio universal al que todos tienen acceso y al que todos debemos contribuir por el bien común y el nuestro propio. A diferencia del Apr:., sumido en el silencio y la soledad del autoconocimiento, el Comp:. observará todo cuanto lo rodea sabedor de que de la Verdad únicamente se puede participar; nadie está en posesión de la Verdad Absoluta, sino que participamos de ella gradualmente en tanto en cuanto enriquezcamos nuestras mentes con las aportaciones de otros individuos, de nuevas experiencias y percepciones. El Apr:., pues, debe trascender su ego y hacer madurar sus sentidos e intelecto para adquirir nuevos conocimientos.  

El ser humano es por naturaleza un ser en potencia, un ser inacabado, en continuo cambio, en constante devenir. Sus habilidades aumentan a medida que madura y, del mismo modo, las exigencias que la vida le impone son cada vez mayores. Es por ello que el Comp:. francmasón necesitará nuevas herramientas que lo auxilien en su búsqueda y lo hagan progresar. En esta etapa, además del mazo y el cincel con los que de forma intuitiva comenzó a desbastar la Piedra Bruta, contará con nuevas herramientas y conocimientos técnicos que utilizará para darle forma y así obtener la Piedra Cúbica que representa la perfección del hombre en sus vertientes espiritual, física e intelectual.

Zamenhof, M:.M:.