Según el diccionario las palabras picapedrero y cantero son sinónimas. En ambos casos el significado establecido es el de persona que extrae piedras de una cantera o que labra las piedras. Sin embargo, si acudimos al de la lengua inglesa, los términos picapedrero (quarryman) y cantero (stonemason), aunque similares, guardan un leve matiz que diferencia ambos términos.
El primer de ellos define a las personas que extraen piedras de una cantera que, como sabemos, es una labor para la que no es necesario poseer grandes y profundos conocimientos técnicos, si no que más bien precisa de una buena dosis de fuerza y sacrificio. Tradicionalmente este oficio era desempeñado, en gran medida, por labriegos del campo que, bien por necesidad de construir sus toscas viviendas o refugios, bien como fuente de ingreso extra, constituía un importante auxilio a sus maltrechas economías.
El segundo de ellos, stonemason, viene a significar artesano de la piedra, persona que labra la piedra. El matiz, como vemos, es realmente importante. Mientras el primero de ellos hace referencia aun oficio auxiliar, de baja cualificación técnica y, por lo general, muy sacrificado y poco remunerado, el segundo de ellos hace referencia al carácter artesanal o artístico del oficio, para el ejercicio del cual es necesaria la posesión de una serie de conocimientos y habilidades que no todo el mundo posee. Como la historia nos ilustra, los artesanos, ya fueran de la piedra como de cualquier otra clase, estaban organizados en gremios, los cuales regulaban el acceso a la profesión siguiendo rígidos principios que les permitían seleccionar a los futuros profesionales más capacitados que ejercería el oficio tras un largo período de formación.
Sin duda, Q:.Q:.H:.H:., convendremos que es del gremio de este segundo tipo de trabajadores del que es heredera en gran medida nuestra Augusta Orden.
El trabajo del picapedrero y el del cantero, como podemos apreciar, distan mucho de ser el mismo. Mientras que el picapedrero únicamente debe acudir a la naturaleza para extraer la materia que necesita, cuarteándola de forma tosca y rudimentaria para su mejor transporte o, en el mejor de los casos, formar parte del muro de un pajar o el cierre de una finca; el cantero, gracias a los conocimientos adquiridos durante años, el desarrollo de sus habilidades artísticas y la planificación, diseño y ejecución minuciosa del trabajo, logra dar perfecta forma a lo que antes no era más que un tosco bloque de piedra, duro, áspero, deforme, que de no ser intervenido por él jamás alcanzaría su perfección. El cantero, con cada golpe de cincel, infunde vida y belleza donde antes no había nada más que inerte materia. Los suyos son golpes milimétricamente medidos, ponderados en fuerza e intensidad, intencionadamente efectuados con uno u otro tipo de herramientas para obtener el resultado final deseado.
¡Que bonito y reconfortante resulta el trabajo del cantero! ¡Que bellos y dignos de admiración son siempre sus trabajos!
Nosotros, los masones, siempre nos hemos enorgullecido de ser los dignos herederos de estos canteros, pero ya no trabajando con nuestras propias manos la fría piedra, sino trabajando con el auxilio de la ciencia, la razón, la moral y la virtud la informe masa de nuestra personalidad. La transformación del Hombre, tanto concebido como individualidad, como un cuerpo social, es el objetivo fundamental por el que todos estamos hoy reunidos aquí, y por el que antes que nosotros muchos otros se reunieron entorno a las Tres Grandes Luces que presiden nuestros talleres. Pero, ¿realmente esto es así en este taller? ¿Somos masones o picapedreros? ¿Tenemos claros cuáles son los objetivos que queremos cumplir? ¿Hemos diseñado y planificado minuciosamente el trabajo?, ¿acaso hemos trazado y definido el plan de la obra, anotando los plazos de ejecución, efectuando una previsión sobre los recursos humanos y materiales necesarios para llevar adelante nuestro proyecto?
Reflexionemos todos sobre ello. Pensemos en cuáles son las debilidades y fortalezas de nuestro proyecto, pensemos en si seremos capaces de llevarlo a cabo con la dinámica que empleamos. Pensemos que nuestra obra, aunque inacabada, tiene una vida propia y demanda nuevos cuidados, nuevas atenciones, a las que no podemos cerrar los ojos.
El tiempo, como constante universal que es, afecta también al proyecto de este taller, ¿o acaso pensamos lo contrario?
Cuando una obra es abandonada, cuando ésta no está bien planificada y no se cumplen los plazos de ejecución, somos testigos de cómo ésta se degrada. El viento, la lluvia y las heladas con su constante acción desgastan poco a poco los materiales, debilitándolos y haciéndolos ceder ante la implacable fuerza de la gravedad. Poco a poco vemos como la naturaleza reclama lo que le es suyo convirtiendo nuestra obra en el hogar de líquenes, plantas e insectos, destruyendo lo que un día fue el feliz sueño de un hogar, cálido y protector, para los hermanos. Un proyecto, muerto, que la naturaleza sabiamente reciclará.
Y nosotros, ¿qué hacemos? ¿Picamos, o tallamos piedras? ¿Somos unos simples picapedreros que soñamos con construir el más bello de los templos de la humanidad, aun careciendo de los conocimientos y habilidades necesarias, o somos unos habilidosos e inteligentes canteros que simplemente picamos piedra de la cantera sin saber muy bien por qué? ¿Acaso explotamos netamente todas nuestras posibilidades?
Yo soy cantero. Pero pico piedra y pienso. Pienso que podría ser carpintero, herrero, alfarero, jardinero o, ¿por qué no?, un picapedrero.
¡Que fantástico si fuera uno de esos hombres que trabajan sin descanso persiguiendo un sueño!
Zamenhof, M:.M:.
