miércoles, 25 de febrero de 2026

Solón, Licurgo y la Necesidad

Quiero empezar poniendo en contexto histórico a estos legendarios legisladores arcaicos, aunque como compañero más joven de esta sala, imagino que a todos os serán conocidos, por lo que intentaré ser breve y conciso, o al menos lo suficiente para ganarme mi salario. 

Nos situaremos en el valle del Eurotas, en Esparta, entre el siglo IX y VIII a.C., sumidos en las grandes desigualdades económicas internas de posguerra, con sus respectivas tensiones internas, sumada a la continua amenaza de sublevación del recién sometido pueblo mesenio, derivaron en las reformas de Licurgo, materializadas por la Gran Retra.

En medio del caos, e inspirado por Delfos, aparece Licurgo, un legislador arcaico cuyos objetivos dieron la reputación por la que hoy conocemos a los espartiatas v educar en la virtud, despreciar la riqueza material, mantener el yugo a los ilotas, integrar como cuerpo cívico a los invasores dorios y crear un estado comunal y militarista, donde el bien individual estuviera subyugado al colectivo y al amor a la patria.

La Gran Retra consistió en una nueva constitución política donde se instauró una diarquía encabezada por dos dinastías tradicionales, los Agíadas y los Euripóntidas, que compartían poder y actuaban como vigilantes mutuos. 

Se creó la Gerusía, un consejo de ancianos formado por 28 hombres mayores de 60 años, preparaban leyes para la asamblea y actuaban como corte suprema en casos capitales. Representaban los intereses de la aristocracia y el elemento conservador.

Se implementaron cinco éforos que servían como verdadero poder ejecutivo, elegidos anualmente por el pueblo homoioi. Servían como vigilantes de la monarquía, para que esta, no se convirtiese en tiranía, además, presidían la Asamblea y controlaban la Agogé. Representan el elemento democrático del sistema.

Por último, la Apella, o Asamblea homoioi, compuesta por espartiatas, varones mayores de 30 años, que votaban sí o no a las propuestas de la Gerusía, elegían éforos y gerantes.

Al otro lado del Peloponeso, en la tierra de Teseo, entorno al 594 a.C., se hallaba un joven poeta, estatista y futuro legislador, Solón. Sumido en una época de graves conflictos sociales donde los pobres vendían su libertad a los ricos a cambio de cumplir con sus deudas. Solón respondió cancelando las deudas y prohibiendo hipotecar tu autonomía a través de la llamada “Seisachteia”, lo cual estableció el axioma fundamental del individualismo occidental, separar pobreza, de la propiedad de la existencia física.

No buscó la igualdad absoluta, sino la Eunomia como Esparta, pero sabían que no podían replicarlo porque la geografía abierta y comercial del Ática no toleraría la asfixia espartana. Por lo que, como solución priorizó premiar el mérito económico y liberar al individuo, a través de cambiar el sistema de aristocracia ateniense por una timocracia, organizada en cuatro clases censitarias (thetes, zeugitai, hippeís y pentecosiamedinos) organizadas según la producción agrícola generada y con libertad de fluctuación entre clases. Si produces más, asciendes, obteniendo mayores privilegios, responsabilidades y deberes para con el Estado, tanto militar como política y económicamente. Este modelo fue precursor de la República romana.

Estos dos legisladores no fueron coetáneos, sino que la Esparta de Licurgo ya era el poder hegemónico indiscutible del Peloponeso, admirada por todos por su estabilidad (Eunomia). Sus sistemas fueron los que se enfrentaron para establecer el modelo hegemónico de la Hélade.

No fue una transferencia directa, sino un efecto dominó, un ciclo de acción y reacción trágico que podemos dividir en tres fases:

1. El Temor Espartano

Las reformas de Solón crearon una Atenas dinámica, comercial y expansiva. Tras derrotar a los persas, Atenas formó la Liga de Delos (imperio marítimo). Esparta, por otro lado, estaba encerrada en su sistema licurgueano, dependía del trabajo esclavo de los ilotas. La "crisis espartiata" inicial fue la paranoia de que las ideas “democráticas” y liberadoras de Atenas inspiraran una rebelión de sus propios esclavos. El miedo espartano al crecimiento ateniense fue el detonante de la guerra.

2. La Corrupción de la Libertad (La Caída de Atenas)

La guerra forzó a Atenas a abandonar la moderación de Solón. Para financiar la guerra contra el bloque espartiata, Atenas oprimió a sus aliados, cobrando tributos extraordinarios. La Eunomia de Solón fue reemplazada por la demagogia. El pueblo ateniense, embriagado de poder y acorralado por el asedio espartano, cometió atrocidades (como la masacre de Melos). La libertad individual ateniense mutó en un imperialismo tiránico y en la corrupción moral.

3. La Paradoja de Licurgo (La Caída de Esparta)

Para poder vencer a la flota ateniense, Esparta tuvo que corromper su propia esencia. El sistema de Licurgo prohibía el uso de oro, plata y riquezas del exterior para mantener la pureza de sus códigos. Sin embargo, para construir barcos y derrotar a Atenas, Esparta tuvo que aceptar oro del Imperio Persa por medio de su general Lisandro.

Al ganar la guerra y destruir el imperio ateniense, Esparta se hizo con un botín inmenso. El oro extranjero inundó el Valle del Eurotas, abriendo las puertas a la avaricia y la envidia, destruyendo la igualdad de los Homoioi (Los Iguales). Surgieron espartanos ricos y espartanos pobres. La codicia reemplazó a la disciplina.

Conclusiones

La erudición exige una observación intuitiva, neutral y racional que comprenda la situación material y social del momento objeto de estudio, sin caer en juicios anacrónicos o sesgos ideológicos.

Por lo que, si me permitís, tendré la valentía de renombrar el infame término “bien común”, a partir de ahora, como “mal menor común”, a mi parecer, más riguroso.

Y es que, mis QH:., en un mundo con pluralidad de preferencias e intereses individuales, jamás existirá un sistema que satisfaga a todos ellos, y sólo por medio de la comprensión de esta verdad y el sacrificio universal, podremos alcanzar nuestro virtuoso “mal menor común”.

Solo en el mal menor común, en el término medio que somete nuestros egos por medio de la voluntad, puede evitar que se repita el continuo choque de modelos, que como siempre, resulta en el ocaso y del pretendiente en pro de un tercero, no se si os suena? Esparta contra Atenas, La Gran Retra contra la protodemocracia soloniana, convirtiendo a Tebas en hegemón, por poner un ejemplo más actual, en el siglo XX, podemos ver claros paralelismos en el enfrentamiento del modelo capitalista con Estados Unidos al frente contra el modelo comunista de la URSS, convirtiendo a China, potencialmente, en el nuevo hegemón.

Como dicen por ahí: “la topografía del terreno dicta la forma de sus cimientos”. Por lo que, sólo un arquitecto con la virtud necesaria para entender esta máxima, y, con la suficiente fuerza y/o sadiduría para llevar a cabo las reformas necesarias que establezcan el orden dentro del caos.

Recordemos, HH:. míos, que este Arte Real trata de construir nuevos progresos para nuestra augusta orden y, por ende, a la humanidad. Es por ello que quiero hablaros de actualidad.

Si ya en una sociedad donde forjar coronas para la virtud era una máxima necesitaban medidas para asegurar la equidad, a través de imposiciones que nivelaran la balanza, imaginaros en un panorama de pereza intelectual y de tibio letargo revolucionario, "asoballados" por las redes sociales y la propaganda, como ya vaticinaba Huxley en “Un mundo feliz”, ¿cómo vamos a ser tan necios de permitir que nos dividan hasta el individualismo más extremo? divide y vencerás, y es que con ello garantizamos nuestra derrota.

Como dijo un día Hemingway, y como así me lo repite mi maestro: “todo lo realmente malvado comienza como algo inocente”.

Y es esta inocencia del ingenuo, embriagada por sus propias buenas intenciones, la que pone en peligro los valores que a otros sangre y sudor costaron.

Los humanos no somos estáticos, las circunstancias personales, el poder y los vicios corrompen nuestra virtud, por lo que sería utópico pensar en sistemas funcionales totalmente libres, donde se necesita que responsabilidad individual y virtud coexistan indeterminadamente en el tiempo, o que, por el contrario, sistemas totalitarios que sometan a la naturaleza humana a la absoluta falta de libertad en pro del bien común, puedan funcionar.

Por lo que, como afirmaba Aristóteles y como así nos demostró Solón, todo lo bueno reside en el término medio. Y para llegar al término medio, en el que queden armonizadas la pluralidad de planes vitales y preferencias individuales, nos toca domar al ego para que se postre ante el mal menor común.

Licurgo, hijo de lo dórico y Solón, de lo jónico, personificaron, por orden, la fuerza y la sabiduría. Fuerza al tomar las medidas extremas que antepusieron la fraternidad evitando el colapso espartiata, haciendo posible que del inminente colapso pudieran perdurar más de 400 años con esas mismas constituciones. Y, por otro lado, sabiduría, al llegar a un término medio para contentar tanto a la aristocracia como al pueblo y así, mantener la unidad ateniense.

Distintas soluciones que dieron resultados fructíferos (previos al enfrentamiento y a la corrupción de su esencia) para sus pueblos, distintas medidas con un nexo común, la necesidad.

Entender y disponer de la sensibilidad para detectar la necesidad y con virtud y diligencia, llevar a cabo lo que fuera necesario para evitar el colapso en pro del pueblo.

Los humanos somos imperfectos y por ello ningún sistema ganará al tiempo. Los vicios guiados por la ignorancia ciegan a las personas y al estar, los sistemas, formadas por estas, los sistemas están condenados a viciarse tambien.

Es por esto que el debate no debe centrarse en que sistema es mejor, sino como Licurgo y Solón, tomar las medidas adecuadas para un tiempo determinado.

Lathomos, Comp:. M:.

Nota: Podría ser interesante para el lector revisar los trazados de arquitectura del V:.H:. Robespierre titulada "En el Umbral del Interregno: Hegemonía, Caos y el Nacimiento de un Nuevo Orden Mundial" y la del Q:.H:. Marcus Aurelius titulada "Fraternidad frente al Ocaso: Reflexiones sobre Guerra y Poder"

martes, 24 de febrero de 2026

La didáctica del número

Permitidme descorrer el Velo de Isis sobre una de las obras didácticas más sutiles y científicamente rigurosas que el arte de la animación nos ha legado: el cortometraje "Donald en el País de las Matemágicas" (Donald in Mathmagic Land, 1959). En mi vida profana, dedicada a la enseñanza y la investigación en las ciencias exactas, he comprobado que las obras de animación, lejos de ser meros entretenimientos, constituyen poderosos catalizadores para despertar la mente de jóvenes y no tan jóvenes, sirviendo como una propedeútica lúdica para conceptos que de otro modo parecerían áridos o inalcanzables. Esta obra de Disney es, esencialmente, una Iniciación Científica y Geométrica disfrazada de fantasía.


El viaje del Pato Donald es el arquetipo del neófito profano, cuya mente es una Piedra Bruta rebosante de prejuicios y supersticiones. Donald, al rechazar las Matemáticas, rechaza el orden que subyace al Cosmos. Su inmersión en la "Tierra de las Matemágicas", guiado por el Espíritu de la Aventura (nuestro Guía o Conductor), es el comienzo del primer viaje simbólico. La Geometría, como lo establecieron nuestros Antiguos Deberes, es el fundamento de la Masonería; es por ello que el primer encuentro de Donald es con el orden del sonido, la armonía Pitagórica. La música, que parece arte libre, se revela como la más estricta aplicación de la Proporción de Cuerdas (por ejemplo, el intervalo de quinta 3:2), demostrando que el Arte es la manifestación sensible del Número.

El Trazado asciende al grado de Compañero cuando el foco se fija en el Pentagrama, el emblema de la Escuela Pitagórica. Desde una óptica rigurosamente científica, el Pentagrama es la matriz visible de un concepto de inconmensurable importancia: la Sección Áurea (Φ). Este número irracional, que establece que la razón entre la parte más grande y la más pequeña es idéntica a la razón entre la totalidad y la parte más grande, es la Ley Universal de Crecimiento y Equilibrio. El cortometraje, con impecable rigor didáctico, muestra su ubicuidad en la naturaleza (la secuencia de Fibonacci, las espirales de nautilus) y en la arquitectura (el Partenón), probando que Φ es, en efecto, la firma geométrica del Gran Arquitecto del Universo. Este segmento subraya que la búsqueda del Compañero es la de alinear su Obra con las Leyes Físicas y Estéticas que rigen la Creación.

El clímax de esta instrucción ocurre con la purificación de la mente de Donald. El Espíritu le conmina a limpiar su Templo Interior de "ideas anticuadas" y "falsos conceptos". Una vez realizado este desbaste, la mente es capaz de trabajar con las Formas Puras —el Círculo y el Triángulo— para generar la Esfera y el Cono. Al rebanar estos sólidos perfectos se revelan las Secciones Cónicas (parábola, elipse, hipérbola)

Este es un punto de inflexión fundamental en el conocimiento: la forma de la órbita terrestre, la trayectoria de un proyectil o el diseño de un telescopio reflector se basan en estas curvas esenciales. El dominio de las cónicas nos conecta con la inmensidad del Cosmos. Precisamente, es en este punto donde la historia nos exige la mención de Hipatia de Alejandría (c. 370-415 d. C.). Esta Maestra, filósofa y matemática, fue una figura fundamental en la preservación y didáctica de estos conocimientos geométricos, siendo reconocida por sus comentarios y trabajos sobre la Aritmética de Diofanto y las Secciones Cónicas de Apolonio. Su vida y trágico fin simbolizan la lucha eterna entre la Luz del Conocimiento y la Oscuridad de la ignorancia fanática. La presencia de la mujer en la ciencia, y en la búsqueda de la Verdad, ha sido una constante a lo largo de la historia, a pesar de los obstáculos erigidos por las estructuras sociales, y, en cierta medida también constituye una asignatura pendiente en lo que se refiere a nuestra Augusta Orden. Como constructores de un Templo universal basado en la igualdad y la razón, es nuestro deber reivindicar que el genio y la capacidad para descifrar el Alfabeto del G:. A:. D:. U:. no conocen de género, sino solo de Mérito y Talento. El Pensador (Maestro) es aquel cuya mente es el asiento de la geometría pura y el conocimiento infinito, sin importar quién la posea.

El cortometraje se cierra con la famosa máxima de Galileo: "Las Matemáticas son el alfabeto con el que Dios ha escrito el Universo."

En síntesis, Hermanos, Donald en el País de las Matemágicas es un Compendio Didáctico de Geometría Sagrada. Nos recuerda, con la luminosidad de la animación, que el camino de la Masonería es el camino de la Ciencia y la Razón, que el desbastado de la Piedra Bruta nos permite acceder al Alfabeto del G:. A:. D:. U:., y que solo a través del estudio riguroso de la Proporción, la Medida y el Número podremos abrir las puertas del entendimiento y de la construcción de un Templo más Armónico y Justo.

Robespierre, M:.M:.

lunes, 23 de febrero de 2026

Sobre el desplazamiento del centro

Desde los orígenes de la vida en comunidad, el ser humano ha reflexionado sobre el lugar que ocupa la riqueza en la arquitectura moral y social. Los textos veterotestamentarios ofrecen un relato fundacional de especial potencia simbólica: tras liberar Moisés al pueblo de Israel de la esclavitud impuesta por Ramsés II y recibir en el monte Sinaí las Tablas de la Ley, el legislador encuentra a su regreso a un pueblo entregado al culto de un becerro de oro. El episodio, recogido en el Éxodo, no describe únicamente un acto de idolatría, sino una ruptura del orden: la sustitución del principio rector por un objeto material elevado a centro de gravedad de la comunidad.

Leído desde una clave simbólica, el becerro de oro no representa tanto la riqueza en sí misma como la inversión de jerarquías: lo instrumental ocupa el lugar de lo esencial, y lo accesorio se erige en fundamento. Allí donde debía reinar la ley interior, se impone la fascinación por la apariencia y el brillo.

Esta advertencia atraviesa también la tradición filosófica. El pensamiento estoico formuló con notable claridad la necesidad de mantener el dominio de sí frente a los bienes externos. Séneca, en sus Epistulae Morales ad Lucilium (Cartas a Lucilio), afirmaba que “las riquezas están al servicio del sabio; del necio son dueñas”. La sentencia encierra una distinción esencial: la libertad interior frente a la servidumbre voluntaria.

La riqueza, comprendida como medio, puede integrarse en un orden racional; convertida en fin, disuelve ese orden. Cuando el individuo abdica de su gobierno interior, la comunidad comienza a descomponerse por la pérdida de un principio común que armonice voluntades y limite excesos.

En la modernidad, esta tensión adopta formas más sutiles. La acumulación de riqueza no se impone únicamente por la fuerza de los hechos, sino por la construcción de relatos que la legitiman. No deja de resultar significativo que amplios sectores sociales sean inducidos a defender estructuras que consolidan la concentración de poder económico, incluso cuando ello contradice sus propios intereses materiales.

John Kenneth Galbraith analizó este fenómeno en La cultura de la satisfacción, citando una afirmación atribuida a Ronald Reagan durante la campaña presidencial de 1979: “La economía de Estados Unidos no funciona porque los ricos no son suficientemente ricos y los pobres no son suficientemente pobres”. En esta formulación se condensa una lógica que convierte la desigualdad en virtud y presenta el desequilibrio como condición necesaria del progreso.

La evolución reciente de los sistemas económicos ha supuesto un progresivo alejamiento de los principios que inspiraron el liberalismo clásico. Adam Smith, en La riqueza de las naciones, sostenía que “el salario del trabajo es siempre lo que el trabajador necesita para mantener su subsistencia y su capacidad de trabajar; pero si se le paga más de lo que necesita para vivir, esa abundancia se convierte en poder de compra adicional, que estimula la demanda de productos y ayuda a mantener la circulación de la riqueza” (Libro I, Capítulo VIII).

Esta concepción incorporaba implícitamente una idea de equilibrio: la riqueza debía fluir, no acumularse de forma estéril; debía contribuir a la estabilidad del conjunto, no a su fractura. La interpretación contemporánea, sin embargo, ha vaciado este planteamiento de su contenido moral, conservando únicamente su armazón formal.

El protagonismo otorgado a la acumulación alcanza hoy niveles que ponen en cuestión la cohesión misma del edificio social. Según un informe de Oxfam Intermón de 2023, “entre diciembre de 2019 y diciembre de 2021 la nueva riqueza generada ascendió a 42 billones de dólares. El 1 % más rico acaparó 26 billones de dólares (el 63 % de esta nueva riqueza), mientras que solo 16 billones de dólares (el 37 %) fue a parar al 99 % restante de la población mundial”.

Estas cifras no son meros datos económicos: son indicios de un desequilibrio estructural que, de persistir, compromete la estabilidad del conjunto. Allí donde la acumulación se vuelve fin último, el vínculo social se debilita y la fraternidad se convierte en una noción retórica.

Existen, sin embargo, realidades que recuerdan el carácter contingente de toda posición material. La enfermedad y la muerte, como ha señalado el profesor Emilio del Río, actúan como grandes igualadores, devolviendo a todos los seres humanos a una condición común. Esta constatación revela la fragilidad de cualquier jerarquía basada exclusivamente en la posesión.

Desde una perspectiva ética, la acumulación sin límite no fortalece al individuo ni a la comunidad: los empobrece en su dimensión moral. Una sociedad que consagra el éxito material como medida última termina por erosionar los lazos que la sostienen.

Las dinámicas culturales contemporáneas, amplificadas por las redes sociales, tienden a exaltar el lujo y la exhibición como signos de realización personal. Frente a esta tendencia, se hace necesaria una labor constante de formación interior, orientada al discernimiento y al ejercicio de una crítica serena y rigurosa.

Este trabajo no consiste en la negación de lo material, sino en su justa ordenación. Exige disciplina, silencio reflexivo y disposición a cuestionar los discursos que prometen plenitud sin exigir responsabilidad.

En el ámbito iniciático, el gesto de despojar al profano de sus monedas posee un significado que trasciende lo literal. No se trata de una exaltación de la pobreza, sino de una suspensión simbólica de las diferencias externas. Al quedar desprovisto de sus signos de distinción, el iniciado es invitado a reconocerse en lo esencial, allí donde toda jerarquía se disuelve.

Esta igualación inicial establece el punto de partida del trabajo: recordar que la verdadera construcción no se realiza acumulando, sino ordenando; no apropiándose, sino puliendo aquello que cada uno porta en sí.

Desde el relato del becerro de oro hasta las formas actuales de la economía global, se repite una misma advertencia: cuando lo material ocupa el lugar de lo esencial, el orden se resquebraja. La tarea que se impone no es la de destruir la riqueza, sino la de devolverla a su función legítima, subordinada a principios que aseguren la cohesión, la justicia y la fraternidad.

Solo allí donde la riqueza deja de ser ídolo y recupera su condición de instrumento puede la comunidad aspirar a un equilibrio duradero.

Perogatt, M:.M:.



sábado, 21 de febrero de 2026

Golpes de Voluntad, Trazos de Sabiduría

 

El mazo y el cincel son dos de las herramientas simbólicas que recibimos los aprendices de masón para realizar nuestro trabajo.

Como herramienta real, el mazo concentra la fuerza de nuestro brazo y la descarga sobre la cabeza del cincel, generando un impacto mucho mayor del que lograríamos solo con nuestras manos. Simbólicamente, el mazo es nuestra fuerza, constancia y perseverancia. La Voluntad que nos impulsa a actuar.

El cincel, con su cabeza roma y punta afilada, canaliza la energía que generamos a golpe de mazo para romper la estructura de la piedra de forma controlada, modelándola en lugar de destruirla. El cincel es la combinación de la inteligencia y el conocimiento que adquirimos (o nos es revelado) y que nos permite trazar la ruta óptima hacia nuestro objetivo. El cincel es el Discernimiento.

El resultado simbólico del uso de estas dos herramientas es la perfección progresiva, y la base de su correcto uso es el equilibrio: por sí solo el mazo destruye y el cincel tan solo podría arañar la pierda sin el mazo.

Como aprendices, nuestro trabajo consiste en ir desbastando la piedra bruta que somos: eliminando nuestros vicios y potenciando o desarrollando virtudes.

Kropotkin, Apr:.M:.

lunes, 2 de febrero de 2026

Compañero, arte y ciencia

En el Grado de Compañero, el Masón se adentra en la senda del conocimiento, que no es simplemente acumulación de datos, sino un proceso de descubrimiento interior. El conocimiento, en su esencia más profunda, transforma al hombre porque lo obliga a mirar más allá de lo inmediato, a cuestionar, a comparar y a distinguir. Ser Compañero significa aceptar que la ignorancia es un velo que debe levantarse pacientemente, con humildad y perseverancia. Cada avance del entendimiento abre nuevas puertas, y cada pregunta resuelta genera otras que nos impulsan hacia un progreso sin fin.

Pero esta aspiración intelectual estaría incompleta sin la presencia del arte, porque el arte revela aquello que el razonamiento por sí solo no alcanza. Las diferentes formas de expresión artística —la escultura, la arquitectura, la música, la pintura, la poesía— representan caminos diversos hacia la misma meta: la búsqueda de la belleza, que es siempre un reflejo de la armonía universal. El Masón encuentra en el arte una guía silenciosa que eleva su espíritu y lo educa en la sensibilidad, indispensable para comprender la naturaleza humana.

En el taller, el Compañero aprende que la piedra bruta no solo se talla con herramientas materiales, sino también con ideas, emociones y simbolismos. El arte, al mostrarnos lo mejor de lo humano, inspira al Masón a perfeccionarse, a equilibrar lo racional y lo intuitivo y a no olvidar que la verdad es rica en matices.

Así, conocimiento y arte se funden en una misma tarea: construir al hombre interior, pulir sus aristas, elevar su sensibilidad y prepararlo para avanzar con paso firme hacia una comprensión más profunda de sí mismo y del mundo.

Marco Polo, M:.M:.