sábado, 2 de febrero de 2019

Fuerza y Voluntad


Hoy deseo abordar el simbolismo que encierran dos herramientas al alcance del Apr:. M:.: por un lado el Mazo y por otro el Cincel. Son herramientas que en un lenguaje masónico representan la fuerza y la voluntad.

Hablamos de unas herramientas sin las cuales cualquier individuo no alcanzará su pleno y óptimo desarrollo - por mucho potencial que albergue en su interior-.

El mazo se asocia con la fuerza bruta de carácter físico. Una confusión - fácil de producirse- para cualquier persona que no persigue interiorizar un concepto de la fuerza como sinónimo de desarrollo. Pero ... ¿qué es el desarrollo sin una dirección clara? ¿De qué sirve desarrollarse sin un control de que queremos alcanzar con esto?  Muchas veces escuchamos a algunos economistas hablar de crecer ad infinitum pero no aaba de quedar demasiado claro cual es el fin último de este crecimiento y aún menos con que medios conseguiremos ese crecimiento o desarrollo.

Llegados a este punto es cuando aparece en escena el Cincel, que simboliza la voluntad. El Cincel y el Mazo, la fuerza y la voluntad, no son elementos sustitutivos, son elementos complementarios. El uno sin el otro hace carecer a ambos sin sentido de forma individual.

La fuerza sin control ha demostrado se una herramienta peligrosa o incluso inútil. De este modo, el cincel, se convierte en uno de los elementos más importante de un taller. Permite que los golpes del mazo tengan un objetivo claro, y hacen que esta fuerza se ejerza en la dirección y en el sentido correcto. Así pues, el cincel ennoblecería los fines del mazo.

Es por ello que debemos establecer un binomio entre fuera y voluntad. La fuerza permite desarrollar lo que nos propongamos y la voluntad permite darle forma. Podríamos hablar entonces de fuerza de voluntad. Dentro del simbolismo, el cincel permite dirigir de forma certera los golpes del mazo para desbastar la piedra bruta y convertirla en un sillar que encaje en el muro que forma la sociedad.

Este binomio, la fuerza de voluntad, es el que nos ha llevado hasta aquí. Intentar ser mejores personal con los recursos endógenos de los que disponemos. Demostrar una voluntad para ser mejores.

Pero no solo ser mejores para nosotros mismos. Sino que se trata de ser mejores para crear un mundo mejor para todos. Un mundo en el que ese edificio social que trata de construirse refuerce la fraternidad entre las personas sin recabar en su credo, su origen racial, sus preferencias sexuales o cualquier otra circunstancia personal. Como he dicho, buscar que cada silla encaje en el muro de la obra.

El edificio social sobre el que vivimos no se construye individualmente, necesita de la colaboración desinteresada de mucha gente. Somos una comunidad que, con todas nuestras bonitas diferencias, nos necesitamos y nuestra historia ha demostrado que los individualismos solo han conducido a situaciones de máxima deconstrucción del proyectos colectivo que representa la sociedad.

Finalmente podemos parafrasear al barón de Kelvin cuando afirmaba que lo que no se podría medir no se podía mejorar y lo que no se podía mejorar se degrada siempre. Si lo trasladamos a nuestro taller, necesitamos saber cuando podemos discernir con claridad lo que es la mejora y la degradación.

Peroggat, Apr:. M:.