martes, 4 de noviembre de 2025

El mazo, el cincel y la revelación de Pitágoras


A L∴G∴D∴G∴A∴D∴U∴

No es mi intención detenerme hoy en el simbolismo del mazo y del cincel desde la acepción más común, aquella que todos conocemos y que bien podría sacar una tímida sonrisa al Dr. Jung, al ver cómo los arquetipos se manifiestan en el imaginario colectivo.

Sabéis bien que el mazo representa la fuerza de la voluntad, y el cincel, la inteligencia que guía y ordena. Unidos, hacen posible que la piedra bruta se convierta en obra. Mas conviene recordar que la fuerza sin dirección se convierte en mera violencia, y la inteligencia sin voluntad en vana especulación. Solo el justo equilibrio de ambas materializa la belleza: el arte real, aquel que no solo talla la piedra, sino que esculpe al propio hombre.

Quiero, empero, traer a la memoria una anécdota de Pitágoras que, legendaria o no, encierra enseñanza de magna importancia.

Se dice que en Crotona, un joven filósofo, al pasar por una herrería, se detuvo meditativo al oír el repique de los mazos sobre el hierro candente. Entre el ruido que popularmente encontrariamos vulgar y molesto, una armonía, un patrón. Observó Pitágoras que los tonos variaban conforme al tamaño de los objetos golpeados, y de tal experiencia dedujo que la armonía se hallaba sujeta a la proporción. Así nació en el la certeza de que el universo mismo está regido por número y orden, armonía: la célebre música de las esferas, melodía eterna que, aunque inaudible para la mayoría, sostiene cuanto existe.

Ved, pues, cómo el mazo y el cincel no son solo útiles de cantería, sino espejos del cosmos. Porque lo mismo que el mundo se rige por proporciones aparentemente veladas, también el hombre ha de trabajar con equilibrio y mesura, armonizando su voluntad con su entendimiento, si desea aproximarse al ideal que lo rige.

No olvidemos, además, que los símbolos no deben quedarse en su superficialidad. Importa atenderlos con todos los sentidos, con la intuición y la razón, pues lo que para muchos es vulgar, para otros pocos puede ser revelación. Así fue como Pitágoras, donde otros solo oyeron ruido, descubrió la ley secreta que descorre el velo del universo.

Por mucho que usemos el mazo (la fuerza de voluntad) no será más que fuerza bruta sin dirección, por otro lado si solo disponemos del cincel (inteligencia) no podremos acometer contra la piedra bruta con la suficiente cinética como para devastarla, por lo que como el resto del universo, al cual nos introdujo Pitágoras (entre otros), debe respetar un equilibrio que nos permita realizar un trabajo consciente y disciplinado, para poder llegar al ideal que nos rige.

Abordando esta anécdota quiero poner en valor a que no ciñamos el análisis del símbolo a través solo del sentido más obvio, en la mayoría de los casos la vista, sino que nos dejemos empapar por él y a través de nuestros limitados sentidos, la intuición y la razón encontrar todos los matices que estos nos pueda sugerir, porque para muchos lo que fue un sonido molesto u ordinario, para otra pieza de este gran templo que es la humanidad, hizo posible el desarrollo de los fundamentos que corrieron parte del velo que tapa nuestra comprensión del Universo.

Lathomus, A∴M∴