domingo, 16 de noviembre de 2025

La crisis de la Democracia Representativa y la amenza de la unformidad

 


A L∴G∴D∴G∴A∴D∴U∴


En las épocas más críticas que atraviesan las sociedades modernas, marcadas principalmente por diversas crisis económicas y de valores, el papel de la democracia como herramienta de representación social se somete a un intenso cuestionamiento.

Este debate se centra, fundamentalmente, en una pregunta crucial: ¿Por qué un sistema que debería ser un fiel reflejo de la pluralidad y diversidad social se desvirtúa en su esencia?

La respuesta a esta interrogante es compleja y multifacética, variando según la perspectiva desde la que se plantee. En mi opinión —que afortunadamente no es aislada—, la causa reside en la presencia de una tendencia uniformizadora que menoscaba su función representativa.

Nuestra Constitución establece tácitamente la representación por medio de partidos políticos como un pilar de la democracia. Dichos entes, tal como se explicita en el artículo 6 de la norma fundamental, contribuyen a la formación y manifestación de la voluntad popular y se consideran instrumentos esenciales de la participación política.

El propósito de esta formación de la voluntad popular es erigir un modelo político que active a la sociedad y la involucre en la toma de decisiones trascendentales. Esto resuena con aquel concepto de democracia activa que promovía Manuel Azaña, que iba más allá de la mera existencia de instituciones políticas.

Sin embargo, es inherente a la condición humana —sea por intención o por inercia— priorizar con frecuencia el interés particular sobre el bien común. Aunque esta afirmación pueda parecer tajante, la realidad es que la crisis del sistema político se nutre de esa tendencia uniformizadora, la cual desnaturaliza el principio individual de la manifestación popular que los partidos deben canalizar.

Esta uniformidad no se basa en alcanzar grandes consensos, sino en la asimilación de opciones ideológicamente dispares en una sola. Un fenómeno cuya intensidad ha sido palpable en los últimos tiempos.

Existen, además, otros factores que pueden debilitar el valor de una democracia para la sociedad. Estos, combinados con los anteriores, constituyen el caldo de cultivo ideal para quienes reniegan del sistema democrático.

Nos referimos al desvío de la democracia que prioriza las directrices impuestas por los poderes fácticos económicos(como las grandes corporaciones y la banca).

En este contexto de capitalismo promovido por grupos de presión, la función de la representación política —sustento de toda democracia— se desdibuja, y se generaliza, como supuesto bienestar, lo que Jorge Mario Bergoglio ha denominado con gran acierto la “globalización de la indiferencia”.

En consecuencia, o se prioriza el verdadero interés colectivo, o nos veremos abocados a una profunda crisis de identidad política. 

Perogatt, M:.M:.