sábado, 15 de noviembre de 2025

Fraternidad y Perseverancia en el Camino Masónico

Hermanos míos, este ágape hace de la voluntad una justificación para el progreso espiritual, y se nos acoge como el necesario paso intermedio de todo aprendizaje.

Aquellos que transitamos por las enseñanzas, símbolos y liturgias de cada grado, debemos recordar que la masonería es un camino constante y largo hacia una perfección que dentro de lo humano es inacabada. Sin embargo por las hermosas paradojas de lo colectivo, aquello que resulta imposible a nivel individual, puede manifestarse gracias al empeño de las diferencias. 

Ser compañero masón, como antes se fue aprendiz, resulta un tránsito necesario para quien aspira a la superación constante y hace del pitagórico 5 su momentánea edad masónica, número representativo en ceremonias e identificación en el ámbito profano. Pero no es únicamente el compañero quien debe manifestar interés. También somos los maestros masones quienes estamos en el deber de guiar, ayudar y corregir, despojados de toda arrogancia para darle la mano al neófito que va conociendo sobre el plano del GADU cuales son los nuevos deberes y responsabilidades asignadas a su momentánea condición.

Recuerdo ahora y me permito la alegoría profana y cinematográfica, una película argentina llamada Darse Cuenta que relata la historia de fe y superación de un médico que desencantado por rupturas familiares y estancamiento profesional, se aferra a la recuperación de un paciente que ha perdido completamente la movilidad y gracias al empeño de este médico, el doliente realiza milimétricos progresos para volver a tenerse en pie, no sin antes haber sufrido el abandono familiar y varias veces, clamar por una muerte que milagrosamente no le correspondió. 

Con este ejemplo quiero referirme hermanos míos, que sujetos a las veleidades, golpes fuertes, crisis, desencantos del mundo profano, la masonería y su templo constituyen un refugio de superación y fe constante, de hacer irrenunciable la evolución de nuestras conciencias para a través del conocimiento, librarnos de prejuicios y empezar a dar pasos leves, en este caso los actuales compañeros y quienes una vez también fuimos llamados como tal, apoyados en esa intangible muleta para nuestra alma que es la fraternidad. 

Estando en este paréntesis de grado, os recuerdo que sin aprendices, no hubiera compañeros y sin compañeros, el material que fragua las columnas que nos sostienen, sería como la antojadiza arena de mar, conducida y moldeada a la voluntad impredecible del viento y el agua. 

Sed bienvenidos, queridos hermanos, recordando también que el GADU supremo guía de nuestra existencia, cuando la vida profana o masónica así lo demanda.

Q:.H:. José Martí