jueves, 26 de marzo de 2026

Alocución de M.·.R.·.G.·.M.·. de la Gran Logia de España, Shaun Parsons, en su instalación durante la Gran Asamblea

Muy Respetables Hermanos, Respetables Hermanos, Muy Venerables, Venerables y Queridos Hermanos, todos en vuestros rangos y condiciones:

Hoy es un día que marcará mi vida para siempre.

Ser instalado como Gran Maestro de la Gran Logia de España es el mayor honor que podía recibir dentro de nuestra Orden. Lo vivo con emoción sincera, con profunda gratitud y con un respeto reverencial por la responsabilidad que asumo ante el Gran Arquitecto del Universo y ante todos vosotros.

No considero este momento una meta alcanzada.

Lo considero el inicio de un servicio.

Confieso que, cuando comencé mi camino masónico, jamás imaginé que algún día estaría aquí, en este Oriente, asumiendo esta responsabilidad. Mi camino no ha sido sencillo. Como el de muchos de vosotros, ha estado lleno de aprendizaje, de pruebas, de silencios, de dudas… pero también de luz, de fraternidad y de crecimiento.

He conocido momentos de dificultad que me enseñaron más que cualquier éxito. Y si algo me ha traído hasta aquí no ha sido la ambición, sino la convicción profunda de que la masonería es un espacio de construcción moral y de responsabilidad compartida.

Aprendí masonería en mis Logias, las Respetables Logias Fuengirola nº 96 y Lessing nº 15. Allí comprendí que la fraternidad no es un discurso, sino una forma de estar en el mundo. Allí entendí que la autoridad no se impone: se gana con coherencia. Que escuchar es más importante que hablar. Y que servir es, en realidad, el mayor privilegio que un hombre puede recibir.

Si hoy estoy aquí, es porque muchos Hermanos me han sostenido, me han corregido, me han enseñado y me han acompañado. Nada de lo que somos nace de una sola voluntad. Todo lo que somos es fruto de un trabajo compartido.

Permítanme también, en este momento tan significativo, expresar mi agradecimiento más profundo a mi esposa y a mis hijos, por su paciencia, su comprensión y su apoyo constante. Ellos han sido un sostén silencioso en los momentos de mayor exigencia.

Quiero expresar mi reconocimiento sincero al Muy Respetable Gran Maestro el M∴R∴H∴ Txema Oleaga Zalvidea que hoy concluye su mandato. Gracias por el trabajo realizado y por haber servido con dignidad a nuestra Institución. La masonería se construye sobre la continuidad, sobre el respeto y sobre la suma de esfuerzos.

Continuar no es repetir sin reflexión.

Continuar es honrar lo recibido y mejorarlo con responsabilidad.

Inicio esta Gran Maestría con la firme intención de continuar la labor de todos mis predecesores, de todos sin excepción. De vuestros aciertos beberemos. De vuestros errores aprenderemos. Porque esta Obediencia es más grande que cualquiera de nosotros.

Esta Gran Maestría trabajará por una Obediencia más cohesionada internamente y más respetada externamente. Una Gran Logia fuerte en sus principios, clara en sus decisiones y serena en su liderazgo.

También quiero agradecer, de corazón, a los Hermanos que tuvieron la valentía de presentar su candidatura para dirigir nuestros destinos, a los RR∴HH∴ Jesús Gutiérrez Morlote y Rubén Argemí Fregnan, los cuales sostuvieron un proyecto alternativo al que yo represento, pero no por ello, menos comprometido con el futuro de nuestra Orden, a ellos y a todos los que les apoyaron, les tiendo la mano para que se unan a nuestro proyecto. Aquí no hay vencedores ni vencidos. Aquí solo hay Hermanos.

Debemos desterrar definitivamente cualquier lógica de división. Es infinitamente más lo que nos une que lo que nos separa. Y quiero contar con todos vosotros.

Si algo deseo profundamente para esta etapa es unidad.

Unidad verdadera. No uniformidad. Somos hombres libres, con pensamiento propio, y eso nos enriquece.

Pero la fraternidad está por encima de cualquier discrepancia.

Unidad no es debilidad.

Unidad es madurez.

No soy ingenuo. Sé que los retos que tenemos por delante no serán fáciles. No bastará la buena voluntad para resolver cada desafío. Pero creo firmemente en el poder del diálogo, en la fuerza de la palabra y en la buena fe de los Hermanos.

Con esas tres columnas —diálogo, palabra y buena voluntad— construiremos una Gran Logia más fuerte, más cohesionada y más respetada.

Debemos fortalecer nuestras Logias. Impulsar la formación con rigor. Acompañar a nuestros Venerables Maestros. Escuchar a los Hermanos jóvenes que buscan su lugar. Honrar y cuidar a los Hermanos veteranos que son memoria viva de nuestra tradición.

Quiero una Gran Logia cercana. Con puertas abiertas. Con escucha activa. Con decisiones meditadas. 

Gobernar es escuchar antes de decidir.

Tenderé la mano a todos. Sin excepción. Porque esta es nuestra casa común, y en una casa común nadie debe sentirse distante.

Queridos Hermanos,

Nuestra Orden nos enseña a trabajar la piedra bruta. Pero hoy os digo algo más: no estamos aquí solo para pulirnos individualmente. Estamos aquí para levantar un Templo común. Y ese Templo no se sostiene por la perfección de una sola piedra, sino por la armonía de todas.

Tenemos más de cuarenta años de historia que nos respaldan. Tenemos principios sólidos. Tenemos dignidad. Pero, sobre todo, tenemos futuro.

Un futuro que empieza hoy.

Un futuro que dependerá de nuestra capacidad para permanecer unidos.

Un futuro que dependerá de nuestra capacidad para anteponer la fraternidad al ego.

Un futuro que dependerá de nuestra capacidad para creer, de verdad, en nosotros mismos.

Os pido confianza.

Os pido compromiso.

Os pido generosidad.

Yo os ofrezco dedicación plena.

Os ofrezco transparencia.

Os ofrezco firmeza cuando sea necesaria.

Y os ofrezco algo esencial: lealtad absoluta a la Gran Logia de España y a cada uno de vosotros.

Que dentro de cuatro años podamos mirarnos y decir que estuvimos a la altura.

Que supimos unir donde otros dividían.

Que supimos construir donde otros dudaban.

Que supimos servir antes que exigir.

Hoy, con emoción sincera y con determinación firme, me pongo a vuestro servicio.

Avancemos juntos.

Con serenidad en el juicio.

Con firmeza en la decisión.

Con fraternidad en el trato.

Porque solos podemos avanzar.

Pero solo juntos podemos trascender.

El futuro no nos será dado.

El futuro lo construiremos.

Desde hoy.

Y juntos.

Queridos Hermanos,

Permitidme añadir una breve reflexión que transciende los muros de este Templo.

Vivimos tiempos complejos para la humanidad. En diferentes regiones del mundo, los conflictos vuelven a recordarnos lo frágil que puede ser la paz cuando el dialogo se rompe y la desconfianza sustituye al entendimiento entre los pueblos.

Las tensiones y guerras que presenciamos con preocupación nos recuerdan que el progreso material de la humanidad no siempre ha ido acompañado de un progreso equivalente en la compresión mutua, en la tolerancia y en el respeto por la dignidad de todos los seres humanos.

La Masonería, como institución iniciática y fraternal, no se adentra en la arena de la política ni en los intereses de las naciones. Pero sí tiene el deber de recordar, con serenidad y firmeza, los principios que han guiado a los hombres de buena voluntad durante siglos: la razón frente al fanatismo, el diálogo frente a la confrontación y la fraternidad frente a la división.

Que nuestras logias continúen siendo espacios donde se cultive el pensamiento libre, el respeto profundo entre los hombres y la esperanza de un mundo más justo, más pacífico y más humano.

Porque quizás hoy, más que nunca, el mundo necesita hombres capaces de encontrarse como Hermanos, incluso cuando sus naciones, sus culturas o sus lenguas sean diferentes.

Si la Masonería tiene hoy una misión, es precisamente la de mantener viva esa luz de concordia que, incluso en tiempos inciertos, sigue recordándonos que todos pertenecemos a una misma humanidad.

Que sepamos ser dignos custodios de esa luz.

Muchas gracias.