viernes, 9 de enero de 2026

Memoria, Verdad y Reparación: el Templo Masónico de la Logia Azaña como Lugar de Memoria

Nos corresponde hoy dar cuenta de un hecho de especial trascendencia para la memoria de nuestra Orden y para la historia cívica de nuestro país.

En las primeras horas del infausto golpe de Estado de julio de 1936, en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, un grupo de fuerzas paramilitares afectas al alzamiento franquista asaltó el Templo Masónico de la Respetable Logia Añaza, sito en la calle San Lucas. Aquel acto no fue fortuito ni aislado: constituyó uno de los primeros pasos de una represión sistemática, planificada y profundamente ideológica, dirigida contra todo aquello que no encajase en el modelo nacional-católico impuesto por los sublevados.

Los asaltantes se incautaron de la totalidad de los archivos de la Logia, vulnerando no solo un espacio simbólico, sino también la intimidad, la dignidad y la seguridad de muchos Hermanos. Poco después, una nota fijada en la fachada del Templo —firmada por el Secretariado de la Falange Española— invitaba a la población a visitar el edificio como si de una grotesca atracción turística se tratara, con el declarado propósito de “alertar a la ciudadanía sobre los supuestos fines oscuros de la masonería”. Aquella infamia contribuyó a sembrar el miedo y la ignorancia, alimentando leyendas de sacrificios humanos y rituales de brujería que nada tenían que ver con la realidad de nuestros trabajos, basados siempre en la educación, la razón, la ética y el progreso moral.

Lo que realmente albergó aquel Templo tras el golpe no fueron tinieblas simbólicas, sino interrogatorios, represión y tortura: la huella negra de una dictadura que persiguió con especial saña a la Francmasonería, convirtiendo la llamada “Ley de Masonería y Comunismo” en uno de los pilares jurídicos de la represión franquista. Como han señalado historiadores de reconocido prestigio, esta persecución no tuvo parangón en otros regímenes europeos contemporáneos y afectó a todo aquello que no fuera considerado exclusivamente católico, confundiendo deliberadamente pecado con delito.

Hoy, QQ∴HH∴, podemos comunicar una noticia que, sin borrar el dolor ni reparar plenamente el daño causado, supone un acto de justicia histórica. El Boletín Oficial del Estado ha publicado el decreto que inicia los trámites para declarar el antiguo Templo Masónico de Santa Cruz de Tenerife como Lugar de Memoria Democrática. Este reconocimiento oficial busca reparar simbólicamente la desnaturalización sufrida por el edificio y devolverle su verdadero significado como espacio de convivencia cívica, educación laica, pensamiento crítico y compromiso social.

En este mismo contexto, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática ha suscrito un protocolo de colaboración con el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para impulsar políticas públicas de memoria desde el ámbito local. Tanto el Gobierno de la Nación como las autoridades municipales han subrayado que este Templo no es un edificio cualquiera, sino una joya arquitectónica y simbólica que vuelve a alzar la voz tras décadas de silencio, iluminando una parte esencial de nuestra historia común.

Conviene recordar que el edificio fue proyectado por el arquitecto Manuel de Cámara y Cruz y que ya en 1909 albergó una escuela laica que impartía enseñanza gratuita a adultos. Tras el golpe de 1936 fue convertido sucesivamente en sede de la Falange, almacén militar y farmacia castrense, para finalmente caer en el abandono y la amenaza de ruina durante largos años.

Hoy, situado en una discreta calle peatonal, su fachada neoegipcia —con columnas palmiformes, esfinges vigilantes y el Ojo que Todo lo Ve presidiendo el frontispicio— se prepara para recibir una placa que lo declare oficialmente Lugar de Memoria. No como monumento al pasado muerto, sino como advertencia viva y permanente.

Que este reconocimiento nos recuerde, QQ∴HH∴, que la Luz no se extingue aunque se intente apagar por la fuerza; que la Verdad puede ser perseguida, pero no aniquilada; y que nuestra obligación, como masones, es custodiar la memoria, defender la libertad de conciencia y trabajar incansablemente para que jamás vuelvan a repetirse aquellas tinieblas.