Toda herramienta es un medio que nos acerca a un fin, en este caso, la regla de 24 pulgadas sirvió a los operativos para tomar medidas y planificar con rigurosidad el planteamiento de sus obras. Nosotros los especulativos hacemos uso de estos instrumentos de la misma manera pero en un plano diferente, lo que permite que lo material se convierta en símbolo, adquiriendo asi, trascendencia en nuestra dimensión, para que mediante la reflexión, vuelva a convertirse en herramienta.
La regla de 24 pulgadas pasa así de medir espacio a medir tiempo.
Por un lado el número 24, coincide con la rotación de la Tierra sobre su propio eje, es decir, el ciclo que comúnmente conocemos como día, y nos sugiere la necesidad de una administración consciente del tiempo. Por otro lado, los masones dividimos simbólicamente estas horas en tres partes iguales: ocho horas para el trabajo, ocho para el descanso y ocho para la reflexión y la ayuda al prójimo.
La noción de ordenar la vida en base a la regla de 24 pulgadas, nos remite a la ética aristotélica, donde la virtud reside en la mesura. Aristóteles, en su "Ética a Nicómaco", habla de la importancia de la moderación en la búsqueda de la eudaimonía, es decir, la felicidad como fin último del ser humano. La regla en su división del tiempo, encarna este principio al evitar tanto el exceso como la carencia en cualquier aspecto de la vida.
El concepto de mesura y disciplina que esta herramienta representa encuentra un eco en el estoicismo de Séneca, quien en su obra "De la brevedad de la vida" advierte que "no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho". La regla de 24 pulgadas nos insta a emplear el tiempo con mesura, evitando los vicios, como la procrastinación y la falta de rumbo.
Por otro lado, este símbolo dio pie a movimientos laborales que permitieron victorias como la jornada laboral de ocho horas, que hoy consideramos un derecho fundamental, una lucha de la clase obrera durante la Revolución Industrial, influenciada en parte por ideas de la ilustración de esta nuestra orden e instrumentada mediante libre-asociación de los trabajadores.
Para concluir, me gustaría parafrasear a Marco Aurelio, el cual anotó en sus meditaciones: "el tiempo es como un río, lo que ves pasar no volverá jamás". Cada momento malgastado es un tributo entregado al olvido. El sabio no procrastina, ni es esclavo del azar, sino un creador; uno que, consciente de la fragilidad de su tiempo, memento mori, aprovecha cada momento para el bien, la razón y el deber. No es la falta de tiempo lo que apremia al mortal, sino su mal uso. Que hoy, pues, se convierta en el inicio forjar coronas para la virtud y cadenas para nuestros vicios.
Lathomus, A∴M∴
