Queridos Hemanos, como es costumbre en nuestra Augusta Orden ha llegado el momento celebrar la que sin duda es una de las fechas más señaladas para todos nosotros.
Es un momento dichoso ya que, aunque nos sumimos en la noche más larga del año, tenemos la certeza de que la Luz se abrirá paso entre las tinieblas robando cada día una pequeña fracción de tiempo al reloj hasta alcanzar así su cenit. Con ello se iniciará un nuevo ciclo de crecimiento, desarrollo, madurez y muerte que no tiene principio ni fin, que se repite incesantemente desde la noche de los tiempos, pero que es dotado por el ser humano de un profundo significado simbólico: el mito del eterno retorno.
Bajo este mismo título - El mito del eterno retorno- el filósofo, antropólogo e historiador Mircea Eliade enuncia la concepción cíclica que de la vida ha tenido el ser humano al considerarla como la permanente repetición de actos arquetípicos o, lo que es lo mismo, de un inicial evento sagrado de creación que es constantemente revivido a través de un rito que detiene el tiempo profano y regenera la vida con el recuerdo de ese momento primordial.
Este volver a encontrarse con lo primordial por medio del rito y la representación de la permanente regeneración del Cosmos convierte a éste en un acto de purificación que nos permite liberarnos de cargas en un proceso de que exige del desarrollo del pensamiento simbólico, la razón y cierto sentido de trascendencia
Los meses de frío, oscuridad y recogimiento que ahora terminan deben dar paso a un nuevo tiempo, a un nuevo ciclo que sólo será provechoso y favorecerá el crecimiento si es precedido por un proceso de reflexión interior que permita hacer un balance sobre todo lo vivido, con su debe y con su haber. No debemos preocuparnos por el resultado de este balance ya que, positivo o negativo, una nueva ventana de oportunidad, un nuevo horizonte se abrirá para permitirnos el ascenso a un nuevo peldaño en la escalera hacia la Verdad.
Es por ello que el Solsticio de Invierno nos sitúa en lo más profundo de una caverna de la cual habremos de salir, de nuevo en la oscura Cámara de Reflexión, lugar en el que un día nuestro viejo “Yo” ajustó cuentas con su pasado y dio paso a una nueva versión de nosotros mismos, ahora como masones, como iniciados.
Ya nada ha vuelto a ser lo mismo desde entonces, ¿verdad?
Así debe ser cada nuevo solsticio: el recuerdo de que sólo cabe una nueva versión mejorada de nosotros mismos, de que tras la oscuridad siempre llega la Luz, de que frente a la mentira, el fanatismo y la ambición de los hombres solo caben el imperio de la Verdad, la Justicia y la Fraternidad Universal, y que frente a los que desean la esclavitud y la sumisión de las mentes se revelará el Librepensamiento como herramienta emancipadora.
Queridos Hermanos: levantaos, sacudid vuestros mandiles del polvo acumulado, coged otra piedra, vuestro mazo y vuestro cincel y a trabajar, pues lejos de estar concluido nuestro Templo es mucho aún lo que queda por hacer y por soñar.
Zamenhof, M:.M:.
