El hermano aprendiz que ahora os habla, quiere transmitiros de forma sincera el sentimiento de honra que supone dirigirse a ustedes por primera vez. Al mismo tiempo, os solicito cierta indulgencia y laxitud para juzgar los primeros pasos y palabras que, aunque llenos de ilusión y expectativas, no pueden ocultar la falta de experiencia y el desconocimiento sobre el la profunda y compleja tradición ideológica y simbólica que guarda, como un tesoro, esta noble orden. Sobre estos primeros pasos, esta transición de la sombra a la luz es sobre lo que van a tratar estas líneas.
Como otros que me precedieron, fui llevado en primer lugar a un enclave indefinido donde tuve que esperar, con muchas interrogantes y pocas respuestas. En este interludio que como toda espera se torna largo y desafía nuestra paciencia, la conciencia tiende a preguntarse qué te deparará este camino que comienza a distinguirse, qué pasos a lo largo de tu vida te llevaron hasta ese instante, en qué momento de tu vida fuiste consciente de que querías buscar el camino que te lleva al Templo… hasta que, alguien con voz firme pero amigable, te reclama.
De forma súbita, te ves introducido en el ritual hacia la Cámara de Reflexión, privado ya de la vista, obligado a confiar en las instrucciones de unas voces desconocidas pero reconfortantes mientras sorteas un camino que parece lleno de obstáculos. De la misma manera te muestra el camino la Hermandad, no te oculta las dificultades del viaje, pero te brinda guías firmes en los que poder apoyarte, por lo tanto, la tarea del aprendiz durante sus primeras etapas será igual que en su iniciación, tarea más de escuchar que de hablar, dejarse guiar para que nuestra propia voz a veces no ahogue las indicaciones que nos permiten distinguir el camino
La penumbra de la Cámara de Reflexión frente al testamento espiritual te devuelve a la transcendencia del momento. Cuando tienes que plasmar los pensamientos por escrito frente a una calavera a la luz de las velas, eres consciente de las pocas veces has reflexionado seriamente sobre la finitud de la vida, y el reloj de arena te obliga a especular acerca de cómo hemos aprovechado nuestro tiempo, hasta dónde hemos llegado en lo que somos y hasta dónde podríamos ser.
Como en el mito de la caverna de Platón, comenzamos el ascenso que nos liberará de las sombras a través de un viaje iniciático antes de nuestra iluminación. En las mismas puertas del Templo y aún con los ojos vendados, asisto a la llamada y al intercambio de consignas con los hermanos del interior. En ese momento, escuchando la rica diversidad de acentos que conformaban el coro, fui consciente de que se trataba del lugar apropiado en el que quería estar. A partir de ese momento, tras pasar los cuatro elementos y el juramento liberador, la luz se hace de nuevo, pero el prisma ha cambiado por completo. En la transición de lo profano al Templo, al igual que en el mito de la caverna dialogan Sócrates y Glaucón el mundo profano ya no será interpretado de la misma manera "Extraños prisioneros constituyen, y extraña es su habitación. Mas se parecen a nosotros" Así deberemos ver a partir de ahora el mundo y los valores que dejamos atrás: sombras proyectadas por el fuego sobre la pared de la caverna.
En esta nueva perspectiva, el aprendiz no es sino aquel que mira por primera vez a la nueva realidad de las cosas y cegado en ocasiones por la claridad que lo deslumbra, tenderá a apartar la mirada de la verdadera esencia del mundo para volverla hacia la caverna y sus sombras, al que sus ojos están tan habituados a dar sentido. Es por ello, que siempre encontraremos el apoyo firme de un hermano que haya recorrido antes que nosotros ese camino iniciático y nos ayudará a encontrar nuestra propia vereda, y con ello a tallar nuestra propia piedra. Aunque me gusta pensar que en el grado de aprendiz aún existen resquicios más allá de la escucha y aprendizaje, en las que tendremos ocasiones de aportar nuestra valía. Como dijo Gandalf el Gris en otro lugar, pero en un momento igualmente convulso, “A menudo el valor del mundo está en manos de los débiles, cuando los sabios vacilan”.
En conclusión, ¿cuándo comienza realmente la iniciación al camino que lleva al templo? ¿Lo hace en la Cámara de Reflexión mientras despides por escrito a tu anterior código profano, o en la tensa espera que precede al rito iniciático? ¿Fue en la ocasión en la que por vez primera conociste a Hermanos que te transmitieron su valía y dedicación? Quizá fue mucho antes, de manera inconsciente, iniciaste ese viaje la primera vez que presenciaste una injusticia y fuiste consciente de que los valores del Mundo no pueden estar sometidos a la irracionalidad, a la imposición o la negación de Derechos entre semejantes. Ahí comenzó la búsqueda de un lugar en el que la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad se convertirían en las directrices para moldear tu bloque bruto, y con tiempo y esfuerzo, desarrollar en él su versión más provechosa para el mundo que nos ha tocado vivir.
Nearco, A:.M:.
